La infección por Helicobacter pylori, el patógeno bacteriano más común, y sus complicaciones asociadas, representan un verdadero problema de salud pública, se estima que el 50% de la población mundial está infectada por esta bacteria.1

La Organización Mundial de la Salud y la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) clasificaron al Helicobacter pylori como un carcinógeno, capaz de incrementar el riesgo de cáncer gástrico.2 También se le asocia como causa de gastritis activa crónica, úlcera duodenal y gástrica, adenocarcinoma gástrico y el linfoma tipo MALT (Mucosal Atypical Lynphoid Tissue) de bajo grado de malignidad, además, está relacionada con manifestaciones extradigestivas como anemia y trombocitopenia inmune; rosácea, urticaria y alopecia areata; síndrome de Sjögren y artritis reumatoide; tiroiditis y pancreatitis autoinmune, entre otras.3

Las herramientas de diagnóstico tradicionales solían ser invasivas o presentar algunos inconvenientes, por lo cual, la prueba de aliento 13C-urea es considerada hoy en día la alternativa más apropiada para confirmar la infección por Helicobacter pylori. Éste es un método diagnóstico sensible, confiable y no invasivo, basado en la presencia de actividad de ureasa de Helicobacter pylori, que permite detectarlo en la mucosa infectada.4

Desde la primera descripción de la prueba se han llevado a cabo diferentes refinamientos, que han contribuido a promover su uso. Graham y colaboradores, sustituyeron el carbono 14 por el carbono 13, desarrollado específicamente para el diagnóstico de Helicobacter pylori, como un isótopo estable y más seguro, para ser usado incluso en gestantes y niños pequeños que sepan y puedan soplar.

El desempeño analítico en términos de especificidad, sensibilidad y valor predictivo, sumado a su inocuidad como característica diferencial, han fomentado su aceptación por la comunidad médica y difundido su uso en la práctica clínica tanto en adultos como en niños, en todo el mundo.